El
Asesino Anónimo termina de hablar con Ojos Claros y siente la adrenalina
corriendo por su cuerpo. Llama a Bibbo y le cuenta lo que va a hacer.
-Es
una locura -le dice Bibbo.
-Ya
sé –responde el Asesino-. Pero el tren del amor para sólo una vez en la vida.
Podés elegir: te subís o lo dejás pasar.
El
Asesino Anónimo está cada vez más seguro de lo que va a hacer. Y cada vez más
nervioso. Se va de su casa y vuelve veinte minutos después. Se viste lo mejor
que puede, besa el escudo de Racing y llega ‘al lugar de siempre’ quince
minutos antes de lo pactado.
Ojos
Claros llega diez minutos tarde, como siempre solía hacerlo. Lo saluda. Lo
mira. Y con una mirada sabe lo que piensa: lo conoce demasiado.
-¿Querés
intentarlo de nuevo, no?
-Sí.
-Yo
te quiero, pero lo nuestro nunca estuvo bien. Porque vos no te comprometés,
nunca te jugás por mí, ni por nada. Y además…
-Shhh…
-le dice el Asesino Anónimo. Saca un cofrecito, lo abre, se arrodilla frente a
Ojos Claros, la mira y le explica…
-En
estos días sin tus ojos, me di cuenta de lo mucho que te amo, de lo mucho que
te necesito. Sos mi vida. Sos mi realidad y sos mi sueño, sos todo lo que tengo
y todo lo que me falta. Sos todo y mucho más… ¿Querés casarte conmigo?
Quedan
22…


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